Ahí va un texto "extraoficial":
Suena una sirena en algún lado, pero no las que tienen cola y nadan. A tientas me despego las ásperas sábanas, humedecidas por el sudor que ya no sé a quién pertenece. Me deslizo muy lentamente hasta el borde de la cama, que se ha quedado fría sin remedio. Para conservar el último suspiro de calor que supongo que mi cuerpo guarda, me enrosco en mí misma, intentando a la vez prolongar el sueño en el abismo entre la fantasía y la realidad. Y sin avisar empieza otra vez a sonar.
Se sigue oyendo un ruido ensordecedor, que me aturde los pensamientos y me bloquea la consciencia. ¿Quién se atreverá a molestarme? No lo soporto, es terrible, que alguien lo pare. ¡Mierda!, me he caído de la cama. Ahora me doy cuenta: están llamando al timbre.
Saco fuerzas de no sé dónde para plantarme en el pasillo y contestar de mala gana. “¿Quién es? … no, no he pedido ningún electricista y tampoco hemos sufrido ningún apagón. Sí, estoy segura”. ¡Maldita sea!
Me dejo caer hasta tocar el suelo, apoyándome en la rugosa pared que me araña los hombros desnudos. Me siento más sola en la cama y decido quedarme escondida en la oscuridad del sombrío pasillo dónde al menos quedan las huellas invisibles del día en que te fuiste.
[…]
Las leyes que impusimos para hacer justicia hoy son el hazmerreír del populacho y el pan de mis despedazadas esperanzas, frías y apagadas como una bombilla fundida. Y lo peor del apagón es que ya no veo nada sin luz, ni los coches, ni la gente, ni las cosas importantes, ni las que no lo son. Ni siquiera te puedo ver a ti. Pero no me preocupo demasiado, mi oculista asegura que todo irá bien.
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domingo, 8 de noviembre de 2009
Juguemos.

¿Humanidad, qué es hecatombe? ¿Hecatombe, qué es humanidad? Hecatombe es la educación implantada a la sociedad desde el parvulario, las piruletas y las pistolas, los caramelos y las granadas, los juguetes y el egoísmo, los juegos y la ambición. Y en este último capítulo, como en toda la historia, nos dedicaremos a jugar a matar. Pero esta vez Dios no tendrá nada que ver.
lunes, 12 de octubre de 2009
Sabor a cielo
¿Por qué te has muerto? ¿Por qué me has abandonado? No puedo aceptar que te has ido y que nunca volverás, no puedo asimilar que ahora deba seguir sin ti, sin tus defectos, sin tus tonterías, sin tus enfados y sin los míos.
Acabando demasiado deprisa, huyendo demasiado lento. Cobarde y débil. Cobarde tú y yo soy la débil. Cobardes mis ilusiones, débiles tus esperanzas. Ilusiones asesinadas despiadadamente, sin vacilar, con un cuchillo demasiado frío como para notar el dolor al instante.
Sin más, abandonaste este mundo, mí mundo. Volando o sin volar, pero te tomaste tu tiempo para preparar la pista de aterrizaje. Aterrizo yo de las nubes, de un patacazo, aun con el sabor a cielo en la punta de la lengua. Y como si no hubiese ocurrido nada, me dispongo a echar el vuelo de nuevo. Qué ridícula me siento entonces, dándome cuenta de que, en realidad, siempre lo he sido.
[…]
Tengo un conflicto con la palabra soledad: yo la repelo mientras ésta me atrae hacia su significado, inconscientemente. Más que soledad es incomprensión, o tal vez puede que sean las dos cosas al mismo tiempo. He de añadir que odio nombrar conceptos de este tipo, como me ocurre también con amor, olvido o recuerdo. Mi instinto canino me obliga a ignorar y a desconfiar de tales estupideces, tan ciertas y jodidas como la mismísima muerte.
Aprovecho para volver al tema de tu muerte, para desearte que descanses en paz. Realmente es todo un logro desaparecer como tú lo has hecho, porque lo peor de todo es que, habiendo muerto, tu corazón sigue latiendo y que no ha habido ningún entierro en el que vestirse de luto.
Acabando demasiado deprisa, huyendo demasiado lento. Cobarde y débil. Cobarde tú y yo soy la débil. Cobardes mis ilusiones, débiles tus esperanzas. Ilusiones asesinadas despiadadamente, sin vacilar, con un cuchillo demasiado frío como para notar el dolor al instante.
Sin más, abandonaste este mundo, mí mundo. Volando o sin volar, pero te tomaste tu tiempo para preparar la pista de aterrizaje. Aterrizo yo de las nubes, de un patacazo, aun con el sabor a cielo en la punta de la lengua. Y como si no hubiese ocurrido nada, me dispongo a echar el vuelo de nuevo. Qué ridícula me siento entonces, dándome cuenta de que, en realidad, siempre lo he sido.
[…]
Tengo un conflicto con la palabra soledad: yo la repelo mientras ésta me atrae hacia su significado, inconscientemente. Más que soledad es incomprensión, o tal vez puede que sean las dos cosas al mismo tiempo. He de añadir que odio nombrar conceptos de este tipo, como me ocurre también con amor, olvido o recuerdo. Mi instinto canino me obliga a ignorar y a desconfiar de tales estupideces, tan ciertas y jodidas como la mismísima muerte.
Aprovecho para volver al tema de tu muerte, para desearte que descanses en paz. Realmente es todo un logro desaparecer como tú lo has hecho, porque lo peor de todo es que, habiendo muerto, tu corazón sigue latiendo y que no ha habido ningún entierro en el que vestirse de luto.
sábado, 10 de octubre de 2009
Hotel AC Barcelona, bienvenidos
Estoy esperando una llamada a la que temo, no por la persona que me la haga sino por lo que ésta me pueda contar.
Esta noche no he podido dormir todo lo que el cuerpo me pedía. Mis diversas pesadillas, alternadas por visitas fugaces a mi consciente, se han convertido en la mosca pesada que al principio puede ser soportable, pero a medida que pasa el tiempo no sabes cómo deshacerte de ella. Durante la mañana, me he dedicado a observar las telarañas del balcón de al lado, a veces incluso rozando el piadoso cielo azul con la mirada. Llamaron al timbre pero hice caso omiso: lo que ocurría a mi alrededor en esos instantes era para mí algo secundario.
¡Cómo me habría gustado que nada de aquello hubiese ocurrido! Ahora no estaría temblando, haciendo peligrar la vida de mi teléfono inalámbrico.
Hace tres días, me tocaba guardia de noche y me tuve que trajear el atavío que usaba las noches importantes. El conjunto estaba formado por unos pantalones azul marinos y una chaqueta a juego donde destacaba el admirable emblema cosido a máquina, que decía ‘Hotel AC Barcelona’. Esos días había estado trabajando de día pero debido a las grandes masas que se arreplegaban por la zona durante las fiestas de la Mercè, el encargado me llamó amablemente solicitando si podía acudir a mi puesto. Me presenté en las puertas del majestuoso edificio poco más medio hora más tarde.
En la recepción principal de un hotel barcelonense, de las 22h. a las 4h., con quince escasos minutos de descanso, era para aburrirse. De vez en cuando algún divertido borracho se paseaba por delante del hotel pero sin causar ningún daño, o tal vez alguien reclamaba una tarrina gigante de helado de chocolate en la segunda planta.
Todo fue muy rápido. Aquellos críos venían borrachos como cubas dispuestos a entrar en el hotel como si su casa se tratara, escandalizando a los clientes. Intentaron utilizar los servicios pero Jordi, mi compañero de las mejores ocasiones, les indicó firmemente que no se permitía usar los servicios a personas ajenas al hotel. Tuve que avisar a José, de mantenimiento, para que nos ayudara a sacar a los jóvenes fuera del recinto. Entre gritos y quejas, conseguimos echar a aquellos descontrolados personajes a la calle. Ya nos estábamos retirando cuando el que parecía mayor de todos, dio un puñetazo a José de repente, haciendo que cayera sorprendido y se golpeara la cabeza. Cuando vi el charco de sangre extenderse por el suelo y la cara de mi compañero, me horroricé de tal manera que el cerebro me bloqueó el miedo.
Y ahora siento un miedo terrible, un frío interior. Suena el teléfono. Parece que José ha muerto.
Esta noche no he podido dormir todo lo que el cuerpo me pedía. Mis diversas pesadillas, alternadas por visitas fugaces a mi consciente, se han convertido en la mosca pesada que al principio puede ser soportable, pero a medida que pasa el tiempo no sabes cómo deshacerte de ella. Durante la mañana, me he dedicado a observar las telarañas del balcón de al lado, a veces incluso rozando el piadoso cielo azul con la mirada. Llamaron al timbre pero hice caso omiso: lo que ocurría a mi alrededor en esos instantes era para mí algo secundario.
¡Cómo me habría gustado que nada de aquello hubiese ocurrido! Ahora no estaría temblando, haciendo peligrar la vida de mi teléfono inalámbrico.
Hace tres días, me tocaba guardia de noche y me tuve que trajear el atavío que usaba las noches importantes. El conjunto estaba formado por unos pantalones azul marinos y una chaqueta a juego donde destacaba el admirable emblema cosido a máquina, que decía ‘Hotel AC Barcelona’. Esos días había estado trabajando de día pero debido a las grandes masas que se arreplegaban por la zona durante las fiestas de la Mercè, el encargado me llamó amablemente solicitando si podía acudir a mi puesto. Me presenté en las puertas del majestuoso edificio poco más medio hora más tarde.
En la recepción principal de un hotel barcelonense, de las 22h. a las 4h., con quince escasos minutos de descanso, era para aburrirse. De vez en cuando algún divertido borracho se paseaba por delante del hotel pero sin causar ningún daño, o tal vez alguien reclamaba una tarrina gigante de helado de chocolate en la segunda planta.
Todo fue muy rápido. Aquellos críos venían borrachos como cubas dispuestos a entrar en el hotel como si su casa se tratara, escandalizando a los clientes. Intentaron utilizar los servicios pero Jordi, mi compañero de las mejores ocasiones, les indicó firmemente que no se permitía usar los servicios a personas ajenas al hotel. Tuve que avisar a José, de mantenimiento, para que nos ayudara a sacar a los jóvenes fuera del recinto. Entre gritos y quejas, conseguimos echar a aquellos descontrolados personajes a la calle. Ya nos estábamos retirando cuando el que parecía mayor de todos, dio un puñetazo a José de repente, haciendo que cayera sorprendido y se golpeara la cabeza. Cuando vi el charco de sangre extenderse por el suelo y la cara de mi compañero, me horroricé de tal manera que el cerebro me bloqueó el miedo.
Y ahora siento un miedo terrible, un frío interior. Suena el teléfono. Parece que José ha muerto.
martes, 6 de octubre de 2009
Bienvenida
Bienvenidos a Literatura Universal VP, blog hecho por los alumnos de 1ero de bachillerato del IES Vicenç Plantada de Mollet del Vallès (Barcelona) para publicar sus escritos y relatos presentados en la asignatura de Literatura Universal.
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